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jueves, 15 de septiembre de 2016

Las 7 maravillas de la localidad cacereña de Montánchez

Desde hace dos semanas los seguidores de Facebook de ‘Montánchez al Día’ vienen eligiendo los 7 monumentos, tradiciones o enclaves más característicos de la localidad serrana de entre las 17 propuestas. Las instrucciones para votar eran: compartir la fotografía de la propuesta en Facebook (10 puntos), darle a Me Gusta (1 punto) y darle a Me Encanta (3 puntos). La participación ha sido enorme y la publicación ha alcanzado a más de 8.400 personas en total. 

Los resultados definitivos de la votación son:

1/ Virgen de la Consolación del Castillo (471 votos)

Fotografía de Laura Lavado.







Coronada en 1950. Patrona de Montánchez. Tiene su ermita en el Castillo de Montánchez, desde donde baja en procesión el último martes del mes de agosto hasta la parroquia de San Mateo. En la iglesia permanece hasta el segundo domingo de septiembre, día en la que vuelven a subir en procesión a la imagen hasta su ermita. 





2/ Castillo de Montánchez (358 votos)

Fotografía de J.A. Llanos Lázaro. 
Los restos actuales pertenecen a la época de la Reconquista. Construido en su primera fase hacia el s.VIII. La segunda fase se realizó después de la primera conquista cristiana, hacia 1156. Tiene cuatro líneas defensivas reforzadas por cubos tambores, torres circulares, poligonales y cuadradas; dos grandes entradas y dos accesos.


3/ Barrio de ‘El Canchalejo’ (312 puntos)

Montánchez te va a Encantar. 
Es la zona más antigua de la localidad. El barrio de ‘El Canchalejo’ está situado en un promontorio, al borde de un acantilado, con casas de una sola planta, construidas a base de piedra y cal, empleando enormes losas de granito en las portadas, pequeñas ventanas y cubiertas con teja árabe. 

4/ Los festejos taurinos al estilo tradicional (275 votos)

Fotografía antigua. 
Se celebraron en la Plaza de España de la localidad hasta 1964, fecha en la que se cayó el ‘tablao’, una construcción hecha con palos de madera en forma de troneras y gradas con aspecto de plaza de toros. Este toreo es claramente popular pues es el pueblo quien torea al astado. Se contrata a un muletilla para darle algunos pases al animal y darle muerte. 

5/ El jamón de Montánchez (244 votos)

Montánchez al Día. 
Es la joya de la corona de la gastronomía montanchega. El clima de la localidad ha hecho que desde muy antiguo destacara en la industria chacinera. Históricamente la producción y venta del jamón ha sido una de las fuentes de riqueza más importantes para numerosas familias de Montánchez. Se dice que personajes tan ilustres como el Emperador Carlos V tenían siempre al alcance de la mano lonchas de esta deliciosa pata de cerdo. 


6/ La tradición de San Blas (238 votos)

Fotografía de Laura Lavado. 
La fiesta de San Blas comienza la noche del 2 de febrero con la tradicional ‘velá’, una gran hoguera en la que arde los viejo para dejar paso a lo venidero. La mañana siguiente las mujeres del pueblo se engalanan con el tradicional refajo, se colocan un tablero adornado en la cabeza y desfilan bailando el tradicional ‘Ramo de San Blas’.

7/ La fuente del Altozano (228 votos)

Internet. 
Fue construida en 1885. Tiene forma irregular y está situada en una zona de gran pendiente. Posee en su centro una preciosa fuente desde la que caen cuatro ligeros hilos de agua. En la parte inferior posee un gran pilón conectado a través de un caño con la parte principal o superior de la fuente. Está organizada en diferentes alturas para salvar el desnivel del terreno. 

8/ La Plaza de España (218 votos)
9/ El bosque del castañar (157 votos)
10/ La Garganta de los Molinos (151 votos)
11/ La Iglesia y el Campanario (138 votos)
12/ El Jurramacho del carnaval montanchego (131 votos)
13/ El Cancho que se menea (102 votos)
14/ El cementerio (95 votos)
15/ La ermita de San Blas (91 votos)
16/ La Sierra de Montánchez (71 votos)
17/ La ermita de Santo Domingo (69 votos). 

sábado, 10 de septiembre de 2016

La tradición de los festejos taurinos en la Plaza de Montánchez: historia, anécdotas y otras curiosidades

Desde tiempo inmemorial Montánchez ha sido un pueblo muy torero. A nuestros antepasados les encantaba esta celebración. Durante semanas, un grupo de mozos se encargaba de trasladar palos de castaño desde los ‘castañales’ hasta la Plaza de España. Allí, un grupo de hombres construía el ‘tablao’ y, a cambio, ganaban parte de los ingresos por la venta de entradas para el festejo taurino.

Ataban palo sobre palo y de esta forma hacían las troneras, los tabicones y las gradas. Cuando el ‘tablao’ estaba en construcción, un sentimiento muy especial recorría el interior de los vecinos. Los niños jugaban a los toros. El trasiego habitual de esta ubicación era mayor. Después se echaba algo de arena sobre la superficie. Entonces ya estaba todo listo. La Plaza estaba preparada. Ya se olía a fiesta.


Tradicionalmente las fiestas de septiembre de Montánchez –en honor a la Patrona de la localidad la Virgen de la Consolación del Castillo- se han concentrado fundamentalmente en la Plaza de España, donde además de los festejos taurinos se hacían churros y se colocaban una gran cantidad de puestos ambulantes de chucherías. Incluso había una tómbola. 

La Plaza de España convertida en Plaza de Toros

Cuentan los montanchegos más ancianos que la emoción era muy grande. El sentimiento de peligro era mayor. Muchos toreaban, daban una carrera frente al toro o se paseaban por la plaza. No había para muchas capas, de modo que usaban las chambras para instar al animal. A cada ‘vasino’ de vino el mozo y no tan mozo montanchego se animaba más.

Los balcones de las casas de la plaza estaban a reventar de personas –muchos de ellos se alquilaban a precios desorbitados-. Las gradas llenas a rebosar. Incluso gente sentada sobre una cuerda tendida entre dos balcones. Gente hasta en los tejados de las viviendas. Los espectadores se llevaban las sillas y los bancos tinajeros de casa para colocarlas en las gradas y disfrutar de la festividad.

Nadie se movía de las gradas hasta que el ‘mataor’ diera muerte al astado. Una tarea nada sencilla, pues el morlaco era de un tamaño considerable. Banderillas, picas y espadas para rebajar y tentar al animal. Medias lunas y excepcionalmente un tiro cuando la suerte del ‘mataor’ era esquiva. Después este pasaba la capa por las gradas para pedir una propina a los espectadores. Una perra gorda o una perra chica, según la faena y el presupuesto, le echaban. 

El ‘tablao’ se cayó

En 1964 el ‘tablao’ se cayó, fue un gran caos, por suerte el toro permanecía en el toril o 'cosín'. Para ser exactos, aunque la tradición oral montanchega ha insistido en que el ‘tablao’ se cayó, únicamente se plegó de un lado; en concreto, el ‘tablao’ que estaba entre el Ayuntamiento y la botica de D. Donato. Este accidente, por suerte, no tuvo consecuencias demasiado graves para la salud de las personas salvo algunas contusiones y episodios de nerviosismo. Fue la última vez que se celebraron los toros en la Plaza de España de Montánchez. Por eso trasladaron la celebración de los toros a la nueva Plaza de Toros construida en el paraje donde se encontraba la charca del Centenal. Se inauguró en 1967.


Mientras los toros se hicieron en la plaza mucha gente fue torera. Era un espectáculo muy bonito y participativo. Había cuantiosas cogidas y revolcones a los mozos. A los toros iban muchos hombres en un estado evidente de embriaguez. En el ‘tablao’ se pagaba por las localidades que ocupabas aunque tenías que llevar tu silla o el banco tinajero desde casa. Otro tipo de localidad era el ‘tabición’, un asiento en primera fila que dejaba los pies en el aire de quien lo ocupaba. 

‘Los Pindo’, los encargados de encerrar a los toros       

Los siete hermanos de ‘los Pindo’ traían normalmente los toros desde las diferentes fincas de la sierra en las que los animales se encontraban pastando durante los meses de verano. Antes del amanecer iban los hermanos hasta la finca. La gente más joven del pueblo saltaba las paredes de los diferentes campos que bordean el camino de la sierra ver cómo ‘los Pindo’ guiaban a los animales.

Para llegar a la Plaza los pastores conducían a los animales por las calles del pueblo. Esto causaba episodios de terror pues pillaban a muchos vecinos de la localidad de improvisto. El encierro comenzaba a las 4:30-5 de la madrugada.

Era una especie de encierro sin corredores. Pero esta familia no solo se encargaba de traer al pueblo a los animales, también los encerraban en el ‘cosín’ de la Plaza. El grupo de hermanos se agarraban de las manos los unos a los otros y así iban quitando especio a los toros para que estos se vieran acorralados y entraran en el ‘cosín’ que estaba en los soportales del Ayuntamiento.

Hay un dicho en referencia a un astado muy bravo e imposible de guiar: <<esa vaca no la encierran ni los Pindo>>. A los hermanos el Ayuntamiento les daba alguna propina por encerrar a los morlacos. Era un espectáculo verlos guiar a los toros. La Plaza se llenaba de gente solo para ver cómo metían a los animales en el toril.

Los dueños y cuidadores de los animales no les daban de comer desde unos días antes al encierro con la idea de que los toros estuvieran débiles y así encauzarlos por el camino más fácilmente. De esta forma bastaba con darle un golpe certero en el hocico para que el bravo animal siguiera el camino indicado por el pastor. Lo normal es que los toros entraran en la Plaza sin mayor complicación. Lo difícil era meterlos en el ‘cosín’.

La tradición de ‘los Pindo’ como pastores de los toros liados en Montánchez comenzó cuando un grupo de hombres intentó llevar a los animales hasta el toril, pero no fue posible. Era mediodía y los astados seguían en la plaza. ‘Los Pindo’ se encontraban en ‘El Bodegón’ cuando llegó Manolo el municipal a pedirles que encerraran a los toros. Uno de los hermanos pidió 500 pesetas a cambio de encerrar a los dos morlacos. Por aquel entonces en la fachada del bar de los Córdova estaba el burladero y fue allí donde en el primer intento para encerrar a los animales enganchó un astado por el pantalón a uno de los hermanos.

Los animales estaban  resabiados y además la calleja del ‘cosín’ estaba llena de gente que asustaba a los morlacos con varas y picas. Tras vaciar la calleja de gente los toros entraron en el toril sin demasiados problemas. Desde ese momento ‘los Pindo’ se encargaron de traer los toros desde la sierra y encerrarlos en la plaza. Después, para celebrar la faena, los hermanos fueron al bar de Córdova y pidieron dos baños para preparar ponche e invitar a un trago a quien quiso. También invitaron a un bocadillo de jamón al muletilla y al ayudante que lidiarían los toros esa jornada. Se trataba de ‘el Cordobés’. 

Un festejo taurino muy peligroso

En los festejos taurinos celebrados en la Plaza de Montánchez fueron muy frecuentes las cornadas y revolcones, pero también, demasiadas veces, hechos con mayores consecuencias. Muchos ‘toreros’ murieron en la plaza.

Episodio de ‘el Corcio’: se trata de un señor de la localidad que llevaba a medias uno de los ‘tablaos’ y que se despistó justo cuando iban a encerrar a uno de los astados. Tuvo tan mala suerte que el animal lo envistió. Lo enganchó por la chambra –jersey de tela con botones y sin cuello-, lo zarandeó y acabó matando al señor. ‘Corcio’ llevaba bastante dinero encima en ese momento en los bolsillos y a cada envestida del animal, iba cayendo sobre el suelo más y más dinero. En este momento mucha gente de la plaza parecía más preocupada por hacerse con algunas monedas o billetes de poco valor que en ayudar al señor. 

Una referencia para los amantes del toreo al estilo tradicional

La importancia de los toros al estilo tradicional era muy destacada, no solo entre la población de Montánchez, sino que eran una referencia a nivel comarcal y provincial. Algunos de los toreros o muletillas que han lidiado en la Plaza del pueblo fueron ‘el Retratista’, Díaz, ‘el Cordobés’, Pedro Infantes, el padre de Juan Mora ‘Beleño’, entre muchos otros.  

'Nuevo Día' 15 de septiembre de 1927.